Escribo estas palabras,
desde los descoloridos edificios
de una ciudad anónima,
desde el silencio sepulcral
de un suburbio perdido.
Desde el rumor somnoliento
de un lejano quejido nocturno
desde el fresco abrazo de la luna
una noche cualquiera de primavera.
Desde los cálidos besos impresos
en los cuerpos desnudos
prohibidos, sacrílegos
de los indoctos amantes en trance.
Desde donde la vida
se presenta clara e intensa
pura y desnuda
despojada de todo dolor
de todo sufrimiento.
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