"He aquí la noche, amiga del criminal desvelo;
viene a paso de lobo como un cómplice; el cielo
como una gran alcoba, ciérrrase lentamente
y se transforma en fiera suelta el hombre impaciente"
Charles Baudelaire, Las flores del mal: El crepúsculo de la tarde.
Y la noche se desenvuelve
natural y profunda
mientras el saxo de Coltrane
despide una nota languideciente
que se desintegra
en el humo espeso,
en las risas silenciosas,
en los tragos a medio terminar,
en el suspiro de los amantes,
en sonrisas indulgentes
y en el vacío de ojos tristes.
Pero ahora ya esta amaneciendo
y el sol desparrama su lechosa
luz naranja
sobre los cuerpos dormidos
proyectando sombras
que salpican las paredes
como espesos chorros de aceite.
Todo ha terminado
para volver a comenzar
la semana siguiente
como una torpe pantomima,
dulce quimera de verano.
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